martes, 29 de diciembre de 2009

caín de saramago

Acabo de terminar de leer caín de Saramago, me gustó, me tomó dos días, de hecho quedé con ganas de más, no calidad sino cantidad.

De hecho es un texto, no sé si novela, que no pasa desapercibido, inquieta, reflexiona, ofende, duele. No por poco procede de un nobel.

Cuestiona a dios, pero no su existencia, una lectura vana sería afirmar que dios no existe, pero si en qué dios creemos. A pesar de ser esto último algo básico, se pasa de lado, y se da por sentado que conocemos a dios, incluso que lo amamos, hablo como cristiano. Actualmente la religión ha desplazado a dios, hemos permitido al igual que en un enlatado televisivo nos diga quién es dios, incluso lo que piensa.

La lectura, de caín, me lleva no a cuestionar, sino a reflexionar quien es dios, al menos el que creo, no como una posibilidad sino una certeza, para ello es indispensable retornar al principio, dejar a un lado lo aprendido, lo heredado, incluso lo vivido.

Quién es dios, o quién era?, tal vez si en un momento hubo un dios con las características de omnipresente, todopoderoso, que todo lo sabe y conoce y todo lo puede, no sigue vivo. Si es que algún día dios vivió, de hecho es muy probable que esa energía, ser o cómo quiera denominarsele simplemente haya desaparecido, esté muerto. Hacer a dios a nuestra imagen y semejanza, es darle nuestras cualidades y defectos, razonar, juzgar, equivocarnos, enorgullecernos.

Como cristiano mi búsqueda parte de que dios es vida y amor, de algo hay que empezar, puede el amor amar o la vida vivir? no requieren de otro ente para manifestarse. Pienso en un inicio, en el verbo, y como fue creado todo por él, pero de ahí a afirmar que dios es todopoderoso, en el entendido de que no hay imposible para él o ella, si tiene sentido la diferencia, resulta más una esperanza ante nuestras limitaciones.

El dios bíblico del antiguo testamento, un dios judío que dista de nuestras necesidades. Saramago muestra que ese dios no es nuestro, no es cristiano, jesús era el mismo verbo o un ente en quién el verbo se manifestó en plenitud, lo segundo lo entiendo, lo primero no lo comprendo, no por ello descartable.

Si dios es vida y amor, solo amor y vida puede dar, pedir que algo suceda resulta no solo irrisorio, sino imposible salvo por la divina casualidad. Todo lo que dios puede darme, ya me lo dio, tengo vida, porque tengo la capacidad de amar.

La vida se encargó de que seamos seres que necesitan amar, de ahí que muchas enfermedades encuentren su origen en la preocupación, enojo, stress. El verbo hizo a través de varias generaciones que el humano requiera a dios, requiera amar, y aunque todos no lo hagan, de ello se diferencia que jesús sea de dios y muchos del mundo, una mayoría no muy reducida aspira a ser algo y tener algo en la vida, que por muy noble que sean sus deseos, no dejan de ser solo un alimento del ego.

Entiendo que si jesús es la luz del mundo, ya no necesitamos de más luces, en vano nos inundan por doquier con ser los mejores en cualquier ámbito, desde lo material hasta lo espiritual, como si fueran diferentes, lo espiritual es claramente de este mundo, un almacén del ego, sin el cual el mundo no podría existir. Lo que no es espiritual ni material, es de dios, y solo aquellos que vivan esa ausencia podrán decir que conocen a dios, a este dios que es vida y amor.

Ser de dios, es dejar que nuestras insignificantes vidas, vistas como un todo, utilicen nuestra divina capacidad de amar a los demás, del mundo, de dios, sin esperar a cambio nada, siendo este amor lo único que podemos todos dar, respeto a las diferencias y trato igualitario al que exigimos recibir.

De hecho permanecer en este camino de dios cuando el mundo nos acecha, que por cierto son caminos contiguos, requiere de mucho esfuerzo y recién en este punto, una vez conocido a dios, se debe permitir el ingreso de la religión, como un método que permita a quien lo requiera y solicite permanecer en este camino de respeto y amor.