jueves, 10 de julio de 2008

Epiología

Las religiones son, por simple que parezca, normas, costumbres, creencias de un grupo de personas, que intentan acercarse a Dios. La religión es imposición de leyes, la católica no es religión, es una iglesia, la IGLESIA CATÓLICA, por tanto no existe leyes para pertenecer a ella, todos son parte de ella.

La iglesia no obliga a confirmarse, son los confirmados quienes voluntariamente, en uso de su libertad se acercan a la parroquia para oficializar un compromiso de vida. (igual que en el matrimonio)

La única ley que la iglesia establece es la Ley del amor, el mandamiento dado por Jesucristo. Este amor debe ser a través de acciones, por ello a diferencia de otras religiones o agrupaciones, que si bien son parte de la iglesia, rechazan su participación activa en la iglesia, arguyendo que la fe es lo único que los salva, existiendo como muestra de esta fe un arrepentimiento ficticio, ya que no conduce a la persona a una acción apostólica.

El discípulo es el que aprende, el apóstol es el que enseña, pero no la palabra dicha por Jesucristo, sino la palabra hecha obra.

El ser humano es un ser social, desde ese momento se constituye como fundamento de la iglesia la sociedad o comunidad, cuyo principal, pero no única parte, es la familia. Por ello el misionero, aquel que tiene una misión, somos todos, y no solo aquel que va a predicar o ayudar a un recóndito lugar de la faz de la Tierra.

Nuestra misión es ser parte activa de nuestra comunidad, de nuestra familia, lo cual no es lo mismo que ser únicamente parte, ya que se puede ser parte pasiva, sin acción sin vida.

La diferencia entre una persona con vida y una muerta es la acción. Por ello una persona cristiana que realiza una acción apostólica debe tener la misma misión que Jesús tuvo en su tiempo, que es de anunciar el Reino de Dios en la Tierra, sin embargo a diferencia de Él, nuestra misión no es enseñar, sino mostrar el amor de Dios a través de nuestras acciones.

Por ello si unimos iglesia, comunidad, familia, misión, Reino de Dios y acción apostólica; sabremos cual es nuestra finalidad o meta, y cualquier acción que vaya en pos o nos acerque a esa meta será parte de nuestra misión, y por el contrario cualquier acción que nos aleje, será antinatural, nos aleja del amor de Dios.

La pasividad es igual o peor que la acción negativa, ya que deja que la corriente nos arrastre, y la corriente seguro nos aleja de nuestra misión, ya que muchos son los llamados (iglesia somos todos), pero pocos los elegidos (a vivir el amor de Cristo en la Tierra).

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